Política editorial
Actualizado: 30 de septiembre de 2026
Escribimos sobre salud, y eso exige más cuidado que otros temas. Estas son las reglas que aplicamos a todo lo que publicamos. No son una declaración de intenciones: si un texto no las cumple, no se publica, y si descubrimos que no las cumplía, se corrige.
De dónde sale lo que decimos
Toda afirmación sobre salud lleva una fuente. No citamos de memoria: cada enlace se abre y se comprueba que lleva a la publicación que decimos. Cuando las fuentes no coinciden, damos más peso a unas que a otras, en este orden:
- Metaanálisis y revisiones sistemáticas, como las de la Colaboración Cochrane o las indexadas en PubMed, que reúnen y ponderan muchos estudios.
- Grandes ensayos clínicos aleatorizados, bien diseñados y con suficientes participantes.
- Posiciones de organismos y sociedades científicas: la OMS, la EFSA, la Agencia Europea de Medicamentos, la AESAN o el Ministerio de Sanidad, entre otros.
- Estudios pequeños o aislados, que citamos indicando sus limitaciones.
Los estudios en animales o en células los presentamos siempre como tales. Pueden sugerir hipótesis, pero no demuestran nada en personas, y nunca los usamos como si lo hicieran.
Cuando hablamos de un estudio, decimos a quién se estudió, cuántas personas participaron, cuánto duró y qué se encontró, con números. Y contamos lo que no mostró, que a menudo importa tanto como lo que sí.
Nuestra escala de evidencia
Cada artículo lleva una etiqueta que resume cuánta evidencia respalda su afirmación principal. Usamos cuatro niveles:
- Evidencia sólida. Confirmado por varios estudios independientes, normalmente metaanálisis o varios ensayos que apuntan en la misma dirección.
- Evidencia limitada. Hay estudios, pero pequeños o poco concluyentes.
- Evidencia débil. Solo hay estudios pequeños, ensayos en animales o experiencias personales.
- Sin evidencia. No existen estudios que respalden la afirmación.
Junto a la etiqueta explicamos en una o dos frases por qué la hemos elegido. La etiqueta se refiere a la afirmación principal del artículo, no a cada una de sus frases.
Cada cuánto revisamos
La evidencia cambia: aparecen estudios nuevos, se actualizan recomendaciones y se autorizan o retiran medicamentos. Por eso cada artículo muestra la fecha de su última comprobación y tiene un plazo de revisión:
- Medicamentos y péptidos: cada 90 días, porque es donde más rápido cambian las cosas.
- Resto de temas: cada 270 días.
Cuando un artículo supera su plazo, nuestro sistema lo marca para que lo revisemos.
Cómo corregimos los errores
Alguna vez nos equivocaremos. Si ves un error, escríbenos desde la página de contacto e indica el artículo y, si puedes, la fuente que lo demuestra. Lo comprobamos y corregimos el texto. Si el cambio afecta al contenido y no es una simple errata, lo indicamos al final del artículo con la fecha de la corrección.
Medicamentos y péptidos: solo información
La Directiva 2001/83/CE, en su artículo 88, prohíbe la publicidad dirigida al público de los medicamentos que necesitan receta. Nosotros no nos limitamos a no anunciarlos. En las secciones de medicamentos y péptidos explicamos qué es cada sustancia, cuál es su situación legal, qué han mostrado los estudios y en quién, y qué efectos adversos se conocen. No publicamos dosis, pautas de uso, calculadoras de dosis, lugares de compra, comparativas de vendedores ni enlaces a tiendas, y nuestro sistema bloquea la publicación si detecta cualquiera de esas cosas en esas secciones.
Cuando hablamos de péptidos de investigación, dejamos claro que no están autorizados para uso humano. El colágeno y los péptidos de colágeno son otra cosa: son suplementos y los tratamos en esa sección.
Enlaces de afiliación
Hoy no tenemos enlaces de afiliación. Si en el futuro los incluimos, estarán identificados de forma visible, no influirán en nuestras conclusiones y nunca aparecerán en los contenidos sobre medicamentos o péptidos.
Cómo usamos la inteligencia artificial
Nuestros textos se redactan con ayuda de un modelo de lenguaje de inteligencia artificial que trabaja con estas mismas normas: fuentes obligatorias y comprobadas, escala de evidencia, prohibición de dosis y de promesas de resultados. No afirmamos que un profesional sanitario haya revisado cada texto; si un profesional revisa un contenido, su nombre figura en él. Tampoco inventamos autores, expertos ni titulaciones: nuestros textos se firman como «Redacción de Forma Clara».
Calculadoras
Nuestras calculadoras aplican fórmulas publicadas, que mostramos junto con un ejemplo, sus fuentes y sus límites. Calculan números; no diagnostican ni juzgan a nadie.